Amor de conveniencia E-Mail

Image  Fue un grito desgarrador, penetrante. Tan penetrante como las balas del revólver que disparaba Samuel Abraham, de treinta y nueve años de edad. «¡Por amor de nuestros hijos, no lo hagas, no lo hagas!» El grito lo lanzaba su esposa Melody, de treinta y cinco años de edad. Cuando lanzó el grito ya estaba bañada en sangre por las heridas de bala de Samuel.

Pero Samuel Abraham, médico psicólogo, nacido en la India, siguió disparando contra su esposa Melody, también psicóloga. El ruido de las balas se confundía con los gritos de la mujer. Cuando el hombre terminó de disparar, llevó el arma a su sien y se mató.

¿Qué había provocado la tragedia? Desavenencias conyugales que llegaron a su desenlace trágico un día de Acción de Gracias. Un día en que todos están expresando gratitud por los favores recibidos.

El caso de esta joven pareja conmovió a toda la comunidad. Ambos eran psicólogos. Gozaban de holgada posición económica. Tenían dos hijos de edad escolar. Tenían educación, cultura, amigos, relaciones. Eran jóvenes, sanos, inteligentes, capaces. ¿Por qué terminaron así su matrimonio, que debiera haber sido ejemplar?

Porque el amor que los había unido en matrimonio diez años atrás no era amor verdadero. Era amor de conveniencia. Su unión era una especie de trato comercial. Se habían casado para unir sus profesiones, trabajar juntos y hacer mucho dinero. Se juntaron por avaricia y egoísmo, y el egoísmo mismo de ambos, el egoísmo que los había unido, provocaba continuas confrontaciones.

La tragedia que estalló ese día era algo así como una bomba de tiempo que habría de estallar cuando llegara el momento. O como un absceso que revienta cuando la infección llega a su punto culminante.

Amor de conveniencia no es amor. Matrimonios arreglados sólo para juntar dos salarios y vivir bien materialmente no tienen ningún fundamento que asegure su felicidad, que garantice su permanencia.

¿Queremos tener felicidad en nuestro matrimonio? Establezcámoslo basándonos en principios bíblicos. Cuando Jesucristo es el huésped invisible del hogar, y cuando sus principios de fidelidad y amor mutuo rigen la unión matrimonial, habrá verdadera felicidad. Una total y continua entrega a la voluntad de Cristo asegura la felicidad en el matrimonio. Cristo quiere ser el huésped invisible de nuestro hogar.


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  Comentarios (1)
1. Escrito por adela, el 17-07-2007 13:51
k mala onda k pasen estas kosas, todo paso por su ambicion, eso es algo k ala larga trae muchos problemasss, 
tengamos conciencia de todo lo que esta pasando en este mundo, y tamien a no cometer esa clase de herrores por que seria fatal, 
mundo hay que pensar muy bien acuerdense que estamos en los ultimos tiempos, lo que se esta viendo es horrible, todas las desgracias que estan pasando estan fuertes, 
cuantos matrimonios son destruidos no duran, ami me da mucha tristeza que pasen estas cosas y peor aun cuando tienen hijos por que ellos son los que sufren los herrores de los padres, 
mis mejores bendiciones para todos ustedes que Dios guarde sus caminos me despido byeeeee ;)

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